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UNA PREOCUPACIÓN: LA DISTORSIÓN DE LA CONCEPCIÓN DE LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA
10/12/2007

LA LEY ORGÁNICA Y UNA DE SUS FALSAS INTERPRETACIONES

Con el objeto de llamar la atención luego de presenciar descalificaciones, malas interpretaciones y descalificaciones en las múltiples actividades a las cuales hemos asistido este año 2007 por el mes de la violencia contra las mujeres y las niñas y los 16 días contínuos referidas al mismo tema nos vemos en la necesidad de incluir un texto muy ilustrativo y coherente que nos proporcionó la Profa. Marbella Camacaro quien fue, además, su proponente ante la Asamblea Nacional cuando discutíamos la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a Vivir una Vida Libre de Violencia.

VIOLENCIA OBSTÉTRICA: alcances en la Ley Orgánica.

Motivación
Las leyes han sido escritas, durante siglos, con letra masculina, si alguna Ley esta escrita con letra femenina es la Ley Orgánica por el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (2006), y especialmente la definición sobre Violencia Obstétrica esta referida a asuntos vinculados exclusivamente con el hábitat corporal, sexual, reproductivo y psíquico de las mujeres, borrarla es un acto histórico imperdonable; también descontextualizarla o atribuirle cualidades obligatorias que no están en la Ley. Nuestro interés es difundir la naturaleza de la intención al proponer su inclusión legal, alarmadas por la tergiversación que oímos en reuniones varias durante el mes dedicado a la No Violencia contra las Mujeres y las Niñas.
Empecemos por reproducir el Artículo.16. (Captl III, Definición y formas de violencia contra las mujeres, 13) reza: “Se entiende por violencia obstétrica la apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por personal de alud, que se expresa en un trato deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad, impactando negativamente en la calidad  de vida de las mujeres” . Y el Artículo 51 (Captl. 6, De los delitos) determina: “Se considerarán actos constitutivos de violencia obstétrica los ejecutados por el personal de salud, consistentes en:
1. No atender oportuna y eficazmente las emergencias obstétricas
2. Obligar a la mujer a parir en posición supina y con las piernas levantadas, existiendo los medios necesarios para la realización del parto vertical.
3. Obstaculizar el apego precoz del niño  o niña con su madre sin causa médica justificada, negándole la posibilidad de cargarlo o cargarla y amamantarlo o amamantarla inmediatamente al nacer
4. Alterar el proceso natural del parto de bajo riesgo, mediante el uso de técnicas de aceleración, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.
5. Practicar el parto por vía de cesárea, existiendo condiciones para el parto natural, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.

En tales supuestos, el tribunal impondrá al responsable o a la responsable, una multa de doscientas cincuenta (250 U.T.) a quinientas unidades tributarias (500 U.T.), debiendo remitir copia certificada de la sentencia condenatoria definitivamente firme al respectivo colegio profesional o institución gremial, a los fines, del procedimiento disciplinario que corresponda”
 
Historia y datos que amplían la justificación
La cama ginecológica fue un invento del nuevo representante social en la escena del parto, el hombre-médico, el francés Francois Mouriceau (1657-1709) propuso la idea de que la mujer diera a luz en la cama. Publicó en 1668 su tratado Las enfermedades de las mujeres en el embarazo y el parto, considerado como la obra obstétrica más sobresaliente del siglo XVII. En su momento fue el primer tocólogo del reino de Francia, esta referencia histórica dice mucho, especialmente para quienes sabemos lo que ha significado la voz autorizada masculina en la construcción histórica de las ciencias. Ellos tenían el poder de hablar, decidir, apoderarse del cuerpo de las mujeres, inclusive en aspectos relativos exclusivamente al territorio corporal, sexual y psíquico de las mujeres, la extrañeza de los hombres científicos frente al útero, por no poseerlo, y el poder de dictar toda la vida social, cultural, política, y científica fue la impronta de una obstetricia que patologiza los procesos naturales de las mujeres (menstruación, menopausia, parto), acostarlas para parir es el acto de mayor sumisión y obediencia, por parte de la mujer, frente al poder médico. 
 
La imposición del parto en postura de litotimia-acostada, lo que hace es facilitar el trabajo del médico, enajenando a la mujer de su propio proceso. Acostada quedamos expuestas y vulnerables, obedeciendo las órdenes del equipo de salud. La justificación de esa práctica médica, de tener a la mujer acostada con las piernas colgando, es ideal para favorecer la atención de cualquier complicación, facilitando las maniobras de rutina, intervenciones y conservar pautas de trabajo.. Sin embargo, el 90% de los partos en los hospitales son normales, sin mayores complicaciones, en las clínicas existen un número exagerado de cesáreas por razones económicas. Como vemos la salud sexual y reproductiva de las mujeres depende de los tira y encoje de los intereses económicos, políticos, culturales, religiosos, poder médico, en fin, menos de las propias mujeres. La posición de la madre es un procedimiento médico, una intervención médica, que responde a criterios precisos de organización sujetos a la ideología vigente
 
Si las razones ideológicas que sustentan el discurso y la praxis médica-obstétrica no son suficientes, pasaremos a dar la explicación desde la anatomía y fisiología del cuerpo de la mujer, tomaré un fragmento del trabajo presentado en el XIII Congreso Internacional de la ISPOG (International Society of Psychosomatic Obstetrics & Gynecology) por el ginecólogo y obstetra Carlos Burgos:
La mujer acostada sobre su espalda es la peor posición que pueda concebirse para el trabajo del parto y el parto, entre los problemas está:
 
• La compresión de los gruesos vasos sanguíneos dorsales interfiere con la circulación y disminuye la presión sanguínea con la consiguiente disminución de la oxigenación fetal. La actividad contráctil uterina tiende a ser más débil y menos frecuente, y la necesidad de pujar se torna más dificultosa debido al esfuerzo mayor al no estar favorecida por la fuerza de gravedad. El descenso más lento incrementa el uso del fórceps.
• El cóccix es comprimido contra la cama de parto, que lo empuja hacia delante estrechando la salida pélvica, con la mayor dificultad y alargamiento de la expulsión.
• Hay compresión nerviosa por la presión ejercida sobre las piernas colgadas en los estribos.
• Ausencia de una efectiva y sostenida presión por parte de la cabeza fetal sobre el periné, no permite una eficaz y pausada distensión del mismo, con la consecuencia de una necesidad compulsiva de realizar una episiotomía que sería innecesaria.
• El carácter  de procedimiento de intervención de la posición de litotimia se complementa e impone uso de anestesia peridurales, uso rutinario de oxitócicos, entre algunas intervenciones que agregan dificultades al proceso de parir.
Otra estudiosa del tema Isabel F. del Castillo, autora de:"La Revolución del Nacimiento" sostiene:
•En la mujer embarazada, el peso del útero aumenta la presión sobre la arteria aorta, la vena cava inferior y los vasos retro-perineales. La posición tumbada de espaldas incrementa la presión en la vena cava inferior, disminuyendo su calibre y aumentando el volumen de sangre en el tercio inferior del tronco y los miembros inferiores, lo que disminuye la sangre en circulación en el resto del cuerpo y concretamente en el útero. Al disminuir el oxígeno en el útero, el ritmo de las contracciones se altera. Entre otros efectos, lo más normal es que la mujer padezca de disnea, malestar, mareos por hipotensión y edema de piernas, y que el feto altere su ritmo cardiaco, emitiendo mensajes de sufrimiento fetal, que el monitor registrará puntualmente. Un simple cambio de postura, como, por ejemplo, tumbarse de lado, es con frecuencia suficiente para mejorar la circulación sanguínea.
•En posición vertical, la presión que ejerce el peso del bebé sobre los músculos del suelo pélvico ayuda a su relajación y dilatación. Esa presión genera un impulso nervioso que actúa sobre la hipófisis y estimula la liberación de oxitocina, hormona estimulante de la musculatura uterina, lo que contribuye a un progreso más rápido del parto. Se ha podido calcular que el tiempo de dilatación de 4 a 10 cm. en el caso del parto en posición horizontal es un 50 por 100 más largo que cuando la posición es vertical.
Las consideraciones antes expuestas están a la mano de cualquier persona interesada, en materiales de antropología del parto, en parto natural, parto no medicalizado, en boletines científicos de la OPS, y son argumentos sustentados en la biología, fisiología y anatomía del cuerpo, que se estudia en las materias básicas de las carreras de la salud.
El parto no es un acto médico, es un proceso muy complejo, un acontecimiento del cuerpo, la sexualidad y de la vida, donde intervienen múltiples variables, que no pueden ser interpretadas por un único discurso médico, sino deben oírse las perspectivas antropológicas, sicológicas. Hoy día la perspectiva de género aplicado a la salud de las mujeres viene a constituir un desmontaje de esas “verdades” que nunca se ponían en duda porque era casi una herejía dudar de el saber médico, hemos hecho la ruptura del orden médico-social dominante, este orden de dominación tiene en la medicalización del parto su mejor expresión  porque controla la posición y la posesión de la sujeta-persona-mujer.
Acercarse a los senderos teóricos patriarcales que nutrieron las ciencias, conocer el origen, la historia de la ciencia obstétrica nos permite entender como pudo apoderarse, durante tantos siglos, del cuerpo de las mujeres, y como las propias mujeres vemos con terror que nos permitan decidir sobre la posición de parir. La praxis obstétrica ha despojado, despersonalizado, y lo más grave desexualizado a la mujer en su proceso de parir, convertida en un objeto-cuerpo sobre el que el equipo de salud debe trabajar, con técnica, eficiencia, y maniobras adecuadas, el espacio obstétrico es de trabajo rutinario donde el centro de atención no es la mujer como sujeta, como identidad, sino como útero y el producto (hijo/a).
Sabemos que muchas personas que leen estas reflexiones les parece imposible que una práctica tan arraigada pueda resultar tan adversa a la salud sexual y reproductiva de las mujeres, pero es cierto,  invitamos a quienes tienen la posibilidad de apoyar los artículos relativos a la Violencia Obstétrica establecidos en la Ley Orgánica por el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, a que se asesoren con personas con formación crítica frente al tema, en el país hay algunas. En los países industrializados (España, Inglaterra, Noruega, entre algunos) es una discusión prioritaria de la agenda de salud de las mujeres, la intervención medicalizada del parto es duramente cuestionada, y existen políticas de salud que rescatan el parto natural y el derecho de las mujeres por decidir durante el parto. Invitamos a que entren en las páginas de OMS/OPS, en fin, hacemos un llamado de atención a que no perdamos este momento histórico que posibilita a las mujeres a empoderarnos de nuestros cuerpos y del acto de parir como un derecho humano fundamental. Los argumentos expuestos en estas reflexiones son producto de un camino andado durante muchos años de investigación, ese transitar da una pequeña garantía para pedir que se indague antes de truncar un avance histórico para la salud de las mujeres.
Podríamos escribir un tratado completo sobre el tema con la sola intención de que entendamos el significado que tienen dichos artículos de la ley, pero el espacio no lo permite, para terminar citamos nuevamente al obstetra Carlos Burgos, quien señala:
“En nombre de la reducción de la morbimortalidad materna y perinatal, como uno de lo elementos más importantes e inconfundibles que pueden ser evaluados por numerosos estudios estadísticos como avance en los últimos años, se siguen sosteniendo en la práctica numerosos procedimientos de rutina que resisten cualquier intento de modificación. Los obstetras oponen una notable resistencia a verificar la eficacia de las prácticas que caracterizan su disciplina. Y esta suele ser como muchas otras una disciplina de opiniones, donde la "práctica aceptada" es a menudo un consenso desarrollado por una mayoría de profesionales en un determinado período y no siempre verificado por un método científico. En este orden la posición de litotomía impuesta a la mujer es la más significativa de las rutinas por el impacto en el desarrollo y el ejercicio de su sexualidad. Aspecto revelador de una cultura en la cual el "escenario del parto" es la representación de la relación de sometimiento que impregna a la condición femenina en numerosas circunstancias”.
Desde el más profundo compromiso afectivo e intelectual con esta problemática les dejamos una última reflexión: Una mujer acostada, con una vía en vena, inmóvil, sin compañía, sin poder acomodar su cuerpo a las exigencias de sus necesidades, desnuda, en un ambiente frío y de enfermedad, quien en el momento del parto abre las piernas frente a un personal ajeno a su vida, imposibilitada por la posición que le obligan a mantener en las camas ginecológicas de ver y recibir a su propio/a hijo/a, que le dicen paciente sin estar enferma y a su hijo/a le dicen pacientico/a, no puede ser un escena que podamos seguir justificando, en nombre de la ciencia.

Marbella Camacaro, 26-11-07. Revisión autorizada: Ofelia Alvarez 10-12-2007
 


 

 
   
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